sábado, 8 de septiembre de 2007

«La reinserción en la cárcel no es una utopía; nosotros la tocamos a diario»



UNIDAD TERAPEUTICA Y EDUCATIVA DEL CENTRO PENITENCIARIO DE VILLABONA


Por Laura Fonseca / Fotos Joaquín Pañeda (Fuente: El Comercio)

En la Unidad Terapéutica y Educativa de Villabona hay menos rejas y más puertas abiertas. Los presos, unos 300, pasean por los patios con ‘libertad’, van a clase o aprenden un oficio. Son los internos e internas de Faustino García Zapico y Begoña Longoria, los impulsores, mentores y defensores a rabiar de este novedoso proyecto carcelario, que hizo temblar los cimientos de las instituciones penitenciarias al demostrar que «la reinserción es posible». Él, educador de Avilés y con 52 años, tenía claro desde que se metió en esto que «busca algo revolucionario al pretender mejorar las condiciones de vida en la cárcel». Ella, trabajadora social de Oviedo y con 47 años, quería «ayudar a gente que, como yo, provenían de un barrio humilde y un día se les torció la vida». Ambos confiesan sentirse «orgullosos» de pertenecer a la plantilla de Villabona y de contribuir con su trabajo a «sacar a la gente del infierno».

–¿Qué recuerdan de los primeros tiempos, cuando apenas un puñado de cinco presos aceptó formar parte de esta aventura?
–Begoña Longoria. –Fueron unos inicios muy duros, ya que nadie nos apoyaba, ni los propios compañeros, ni la dirección del centro. Nos miraban como a ‘bichos raros’, como diciendo: «¿adónde van estos dos?».

–¿Les tenían miedo?
–B. L. –Más bien nos veían como a dos prepotentes que íbamos buscando un imposible. La pelea fue diaria durante años, pero, al final, nos salió bien.

–¿Pudieron acabar con la droga en poco tiempo?
–B. L. –No, nos costó mucho. Durante los dos primeros años seguía entrando heroína. En 1994 se erradicó todo tipo de consumo gracias a la implicación de los internos en la cogestión de la Unidad Terapéutica.

–Pero la cárcel tardó mucho tiempo en creer en el proyecto.
–Faustino García. –La institución penitenciaria es cerrada y jerarquizada. Es el último sitio donde uno se propondría innovar o transformar. A pesar de los pocos apoyos, preferimos no entrar en guerra con la institución y seguir trabajando a nuestro aire. Al final, el apoyo, aunque tarde, llegó.

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